Hoy sería retrógrado relacionar la “brujería” con el tarot. Sin duda hay que cambiar este concepto de nuestra visión “Occidental” adquirida en los últimos siglos. Solo así se puede entender lo que hacen en realidad estas cartas. Las antiguas creencias y filosofías del Oriente, muestran la astrología, el Tarot y el I Ching, NO como herramientas para “predecir” un futuro ya escrito, sino para ocuparse en cambio de cómo la verdadera cualidad innata y el significado del momento podrían ser reflejados y por tanto descifrados a través de forma simbólica en las cartas.

Es un concepto difícil de entender para la mente Occidental, pero si lo intentamos, eso nos ayudará a aclarar un punto sobre el que hay mucho malentendido ante el uso del Tarot. Un momento no tiene tan solo propiedades particulares, sino que posee un pasado y un futuro. Hay situaciones y decisiones del pasado que han conducido hasta este momento, y de las que este momento es consecuencia. Las decisiones del futuro salen directamente de nuestra respuesta a este momento, y están a su vez son afectadas por nuestras decisiones presentes. Por tanto, se trata de entender cómo hemos llegado a estar en una determinada situación, ya que este entendimiento a su vez afectará nuestra respuesta a la vida, y por consiguiente lo que el próximo “momento” va a traer.

Puesto que el “destino” que describen las cartas del Tarot está ampliamente arraigado en el subconsciente y conectando con el consultante. Las imágenes arquetípicas de las cartas pueden ayudarnos a conectar con nosotros mismos, “no existe algo externo relacionado con la magia o la brujería”, es más simple aún, la respuesta a nuestras dudas o inquietudes está en nosotros mismos, el tarot tan solo revela que cada consultante guarda la llave secreta para entender y accionar sobre su propia vida.